Parroquia de San Vicente Ferrer
V Vicaría Episcopal "San Pedro Apostol"
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Eucaristía

 

 

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XVIII Domingo Ordinario

02 de agosto de 2026
XVIII Domingo Ordinario
MONICIÓN DE ENTRADA
Hermanos: en este XVIII Domingo del Tiempo Ordinario, Jesús nos reúne como a aquella multitud que lo siguió con hambre de vida, de consuelo y de esperanza. Él se compadece de nosotros, toma lo poco que somos y tenemos, lo bendice y lo convierte en alimento abundante para todos. Celebremos esta Eucaristía con corazón agradecido y dispuesto a compartir. Puestos de pie, proclamemos la antífona y el canto de entrada.
RITOS INICIALES
ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 69, 2. 6
Dios mío, ven en mi ayuda; Señor, date prisa en socorrerme. Tú eres mi auxilio y mi salvación; Señor, no tardes.
Canto de entrada

En el nombre del Padre,
y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
SALUDO
Que la esperanza de ser glorificados con Cristo resucitado acreciente nuestra alegría y esté siempre con ustedes.
Y con tu espíritu.
ACTO PENITENCIAL
Al iniciar esta celebración, reconozcamos que muchas veces hemos cerrado el corazón ante el hambre de nuestros hermanos, hemos guardado para nosotros los panes y los peces que el Señor nos confía, y hemos dudado de la fuerza de su amor. Pidamos perdón con humildad.

Tú que te compadeces de la multitud hambrienta y enferma:

Señor, ten piedad.

Señor, ten piedad.

Tú que nos dices: “Denles ustedes de comer”, y nos llamas a compartir:

Cristo, ten piedad.

Cristo, ten piedad.

Tú que bendices nuestro poco amor y lo multiplicas en servicio:

Señor, ten piedad.

Señor, ten piedad.

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
Amén
SEÑOR TEN PIEDAD

GLORIA

ORACIÓN COLECTA
Ayuda, Señor, a tus siervos, que imploran tu continua benevolencia, y ya que se glorían de tenerte como su creador y su guía, renueva en ellos tu obra creadora y consérvales los dones de tu redención. Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén
Tomen asiento daremos inicio a la:
LITURGIA DE LA PALABRA
MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA
El profeta Isaías nos invita a acercarnos gratuitamente a la mesa de Dios. Allí se sacia la sed más profunda del corazón y se recibe el alimento que da vida. Escuchemos esta llamada a buscar lo que verdaderamente alimenta.
PRIMERA LECTURA
Del libro del profeta Isaías 55, 1-3

Esto dice el Señor: "Todos ustedes, los que tienen sed, vengan por agua; y los que no tienen dinero, vengan, tomen trigo y coman; tomen vino y leche sin pagar.

¿Por qué gastar el dinero en lo que no es pan y el salario, en lo que no alimenta? Escúchenme atentos y comerán bien, saborearán platillos sustanciosos. Préstenme atención, vengan a mí, escúchenme y vivirán. Sellaré con ustedes una alianza perpetua, cumpliré las promesas que hice a David".

Palabra de Dios

Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 144
Abres, Señor, tu mano y nos sacias de favores.
Abres, Señor, tu mano y nos sacias de favores.

El Señor es compasivo y misericordioso,
lento para enojarse y generoso para perdonar.
Bueno es el Señor para con todos
y su amor se extiende a todas sus creaturas.

Abres, Señor, tu mano y nos sacias de favores.

A ti, Señor, sus ojos vuelven todos
y tú los alimentas a su tiempo.
Abres, Señor, tus manos generosas
y cuantos viven quedan satisfechos.

Abres, Señor, tu mano y nos sacias de favores.

Siempre es justo el Señor en sus designios
y están llenas de amor todas sus obras.
No está lejos de aquellos que lo buscan;
muy cerca está el Señor, de quien lo invoca.

Abres, Señor, tu mano y nos sacias de favores.

MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA
San Pablo nos recuerda que nada puede separarnos del amor de Cristo. Ni el hambre, ni la angustia, ni las pruebas de la vida pueden apagar el amor de Dios, que nos sostiene y nos hace vencedores. Escuchemos con fe.
SEGUNDA LECTURA
De la carta del apóstol san Pablo a los Romanos Rm 8, 35. 37-39

Hermanos: ¿Qué cosa podrá apartarnos del amor con que nos ama Cristo? ¿Las tribulaciones? ¿Las angustias? ¿La persecución? ¿El hambre? ¿La desnudez? ¿El peligro? ¿La espada?

Ciertamente de todo esto salimos más que victoriosos, gracias a aquel que nos ha amado; pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni el presente ni el futuro, ni los poderes de este mundo, ni lo alto ni lo bajo, ni creatura alguna podrá apartarnos del amor que nos ha manifestado Dios en Cristo Jesús.

Palabra de Dios

Te alabamos, Señor.

MONICIÓN AL EVANGELIO
En el Evangelio, Jesús ve a la multitud, se compadece y no permite que nadie se vaya con hambre. Con cinco panes y dos pescados nos enseña que, cuando se pone todo en sus manos, alcanza para todos y todavía sobra. Aclamemos al Señor.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Mt 4, 4
Aleluya, Aleluya
No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios.
Aleluya, Aleluya
EVANGELIO
El Señor esté con ustedes.
Y con tu espíritu.

Del santo Evangelio según san Mateo 14, 13-21
Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan el Bautista, subió a una barca y se dirigió a un lugar apartado y solitario. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Cuando Jesús desembarcó, vio aquella muchedumbre, se compadeció de ella y curó a los enfermos.

Como ya se hacía tarde, se acercaron sus discípulos a decirle: "Estamos en despoblado y empieza a oscurecer. Despide a la gente para que vayan a los caseríos y compren algo de comer". Pero Jesús les replicó: "No hace falta que vayan. Denles ustedes de comer", Ellos le contestaron: "No tenemos aquí más que cinco panes y dos pescados". Él les dijo: "Tráiganmelos".

Luego mandó que la gente se sentara sobre el pasto. Tomó los cinco panes y los dos pescados, y mirando al cielo, pronunció una bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos para que los distribuyeran a la gente. Todos comieron hasta saciarse, y con los pedazos que habían sobrado, se llenaron doce canastos. Los que comieron eran unos cinco mil hombres, sin contar a las mujeres y a los niños.

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

Tomen asiento
HOMILÍA
¿Cómo bendecir la mesa?

Casi sin darnos cuenta y empujados por diversos factores, hemos ido deshumanizando poco a poco ese gesto tan entrañable y humano que es sentarse a la mesa a comer juntos.

La comida se ha convertido para muchos en algo puramente funcional que es necesario organizar de manera rápida y precisa dentro de la jornada laboral. Cada vez es más raro ese momento privilegiado de encuentro familiar en torno a la mesa. En muchos hogares, esa mesa hecha para ser rodeada ya no sirve para que padres e hijos se encuentren, compartan sus vidas, conversen y descansen juntos.

Otros se van habituando a «alimentar su organismo» en esas comidas impersonales de los restaurantes o en el rincón del self-service de turno. No pocos se ven obligados a participar en comidas protocolarias o de trabajo, donde el gesto amistoso del comer juntos es sustituido por el interés, el pragmatismo o la ostentación.

El gesto de Jesús invitando a las gentes a recostarse para compartir juntos una comida sencilla, bendiciendo a Dios por el pan que recibimos, puede ser una llamada para nosotros. Como expone jugosamente Xabier Basurko en su estudio Compartir el pan, comer es mucho más que «introducir una determinada ración de calorías en el organismo».

La necesidad de alimentarnos es, antes que nada, signo de nuestra indigencia radical. Oscuramente, los seres humanos percibimos que no nos fundamentamos a nosotros mismos. En realidad, vivimos recibiendo, nutriéndonos de una vida que, a través de la tierra, se nos regala día a día a cada uno. Por eso es un gesto profundamente humano recogerse antes de comer para agradecer a Dios esos alimentos, fruto del esfuerzo y trabajo del hombre, pero, al mismo tiempo, regalo originario del Dios creador que sustenta la vida.

Pero, además, comer no es solo un acto individualista de carácter biológico. El ser humano está hecho para comer con otros, compartiendo su mesa con familiares y amigos. Comer juntos es confraternizar, dialogar, crecer en amistad, compartir el regalo de la vida.

Por eso es tan difícil dar gracias a Dios cuando uno tiene más comida que la que necesita mientras otros sufren miseria y hambre. Nos sentimos acusados por aquellas palabras de Gandhi: «Todo lo que comes sin necesidad lo estás robando al estómago de los pobres». Tal vez en los países del bienestar hemos de aprender a bendecir la mesa de otra manera: dando gracias a Dios, pero, al mismo tiempo, pidiendo perdón por nuestra insolidaridad y tomando conciencia de nuestra responsabilidad ante los hambrientos de la Tierra.

Nos ponemos de pie
Credo Niceno-Constantinopolitano
CREDO NICENO - CONSTANTINOPOLITANO

Creo en un solo Dios,
Padre Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra,
de todo lo visible y lo invisible.

Creo en un solo Señor, Jesucristo,
Hijo único de Dios,
nacido del Padre antes de todos los siglos:
Dios de Dios, Luz de Luz,
Dios verdadero de Dios verdadero,
engendrado, no creado,
de la misma naturaleza del Padre,
por quien todo fue hecho;

que por nosotros, los hombres,
y por nuestra salvación bajó del cielo,
y por obra del Espíritu Santo
se encarnó de María, la Virgen,
y se hizo hombre;

y por nuestra causa fue crucificado
en tiempos de Poncio Pilato;
padeció y fue sepultado,
y resucitó al tercer día,
según las Escrituras, y subió al cielo,

y está sentado a la derecha del Padre;
y de nuevo vendrá con gloria
para juzgar a vivos y muertos,
y su reino no tendrá fin.

Creo en el Espíritu Santo,
Señor y dador de vida,
que procede del Padre y del Hijo,
que con el Padre y el Hijo
recibe una misma adoración y gloria,
y que habló por los profetas.

Creo en la Iglesia, que es una,
santa, católica y apostólica.
Confieso que hay un solo Bautismo
para el perdón de los pecados.
Espero la resurrección de los muertos
y la vida del mundo futuro.
Amén.

ORACIÓN UNIVERSAL

Hermanos y hermanas: Jesús sigue mirando con compasión a la humanidad y nos pide colaborar con Él para que nadie quede sin pan, sin consuelo ni esperanza. Presentemos nuestras súplicas diciendo:

Señor, enséñanos a compartir el pan.

Señor, enséñanos a compartir el pan.

• Por la Iglesia, para que, movida por la compasión de Cristo, sea hogar abierto, mesa fraterna y signo de esperanza para los pobres, enfermos y necesitados. Roguemos al Señor.

Señor, enséñanos a compartir el pan.

• Por quienes gobiernan las naciones, para que trabajen con justicia y responsabilidad, de modo que los bienes de la creación lleguen a todos y nadie sea descartado. Roguemos al Señor.

Señor, enséñanos a compartir el pan.

• Por quienes sufren hambre material, soledad, enfermedad o falta de sentido, para que encuentren hermanos dispuestos a acercarse, escuchar y compartir. Roguemos al Señor.

Señor, enséñanos a compartir el pan.

• Por nuestra comunidad parroquial, para que no guarde sus cinco panes y dos pescados, sino que los ponga en manos de Jesús con generosidad y confianza. Roguemos al Señor.

Señor, enséñanos a compartir el pan.

• Por todos nosotros, para que la Eucaristía nos convierta en pan partido para los demás y nos impulse a vivir la solidaridad cada día. Roguemos al Señor.

Señor, enséñanos a compartir el pan.

Padre bueno, recibe estas súplicas y multiplica en nosotros la fe, la compasión y la generosidad. Que, alimentados por Cristo, sepamos llevar pan, consuelo y esperanza a nuestros hermanos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

ORACION POR LAS VOCACIONES

Oh, Jesús,
Pastor eterno de las almas,
dígnate mirar
con ojos de misericordia
a esta porción de tu grey amada.
Señor, gemimos en la orfandad,
danos vocaciones,
danos sacerdotes y religiosos santos.
Te lo pedimos por la Inmaculada
Virgen María de Guadalupe,
tu dulce y Santa Madre.
Oh Jesús, danos sacerdotes y religiosos
según tu corazón. Amén.

Pueden sentarse, ahora iniciamos la:
LITURGIA EUCARÍSTICA
MONICIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Señor, te presentamos el pan y el vino que serán convertidos en el Cuerpo y Sangre de Cristo para nuestra conversión.
CANTO DE OFRENDAS

Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros pan de vida.

Por el misterio de esta agua y este vino, haz que compartamos la divinidad de quien se ha dignado participar de nuestra humanidad.

Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este vino, fruto de la vid y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; Él será para nosotros bebida de salvación.

Acepta, Señor, nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde; que éste sea hoy nuestro sacrificio y que sea agradable en tu presencia, Señor, Dios nuestro.

Lava del todo mi delito. Señor, y limpia mi pecado.

De pie

Oren, hermanos, para que este sacrificio, mío y de ustedes, sea agradable a Dios, Padre todopoderoso.
El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Santifica, Señor, por tu piedad, estos dones y al recibir en oblación este sacrificio espiritual, conviértenos para ti en una perenne ofrenda. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Levantemos el corazón

Lo tenemos levantado hacia el Señor.

Demos gracias al Señor, nuestro Dios

Es justo y necesario

PLEGARIA EUCARÍSTICA: Jesús, pan multiplicado para todos

En verdad es justo y necesario darte gracias, Padre santo, Dios de bondad y de misericordia, porque nunca abandonas a tu pueblo en el desierto de la vida. Cuando la multitud tuvo hambre, tu Hijo Jesús la miró con compasión, sanó sus heridas, bendijo los panes, los partió y los entregó para que todos quedaran saciados.

Así nos revelaste que tu amor no se agota, que lo poco ofrecido con fe se convierte en abundancia, y que nadie debe quedar fuera de la mesa del Reino. Por eso, unidos a los ángeles y a los santos, proclamamos tu gloria diciendo:

SANTO

Santo eres en verdad, Padre, y fuente de toda generosidad; de tus manos recibimos el pan de cada día y de tu corazón brota el Pan vivo bajado del cielo, Jesucristo, tu Hijo amado. Él no despidió a los hambrientos, sino que pidió a sus discípulos poner en sus manos cinco panes y dos pescados, para enseñarnos que la Eucaristía nos hace responsables del hambre de nuestros hermanos.

Consagración del Pan y el Vino

Derrama ahora tu Espíritu Santo sobre estos dones de pan y vino, para que se conviertan, para nosotros, en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, nuestro Señor.

Porque él mismo, la noche en que iba a ser entregado, tomó pan, y dando gracias te bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:

Tomen y coman todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por ustedes.

Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz, dando gracias te bendijo, y lo pasó a sus discípulos, diciendo:

Tomen y beban todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por ustedes y por muchos para el perdón de los pecados.

Hagan esto en conmemoración mía.

Éste es el Misterio de la fe. Cristo se entregó por nosotros.

Salvador del mundo, sálvanos, tú que nos has liberado por tu cruz y resurrección.

Así, Padre, al celebrar ahora el memorial de la muerte y resurrección de tu Hijo, te ofrecemos el Pan de vida y el Cáliz de salvación, y te damos gracias porque nos haces dignos de servirte en tu presencia. Te pedimos humildemente que el Espíritu Santo congregue en la unidad a cuantos participamos del Cuerpo y la Sangre de Cristo, para que seamos pan partido y compartido para el mundo.

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra; llévala a su perfección por la caridad, junto con el Papa León, nuestro Obispo Carlos, sus Obispos auxiliares, presbíteros y diáconos y a todos los pastores que cuidan de tu pueblo. Mira con misericordia a los pobres, a los enfermos, a quienes no tienen trabajo, techo ni alimento, y a todos los que esperan una mano fraterna que les acerque el pan de la dignidad y de la esperanza.

Acuérdate también de nuestros hermanos difuntos, que se durmieron en la esperanza de la resurrección, y de todos los que han muerto en tu misericordia; admítelos a contemplar la luz de tu rostro. Ten misericordia de todos nosotros, y así, con María, la Virgen Madre de Dios, con San José, su esposo, con los apóstoles, los mártires y todos los santos que vivieron compartiendo la fe y la caridad, merezcamos participar de la vida eterna.

Entonces, reunidos en la mesa de tu Reino, donde nadie tendrá hambre y todos serán saciados por tu amor, te alabaremos por siempre por Jesucristo, Señor nuestro.

Por Cristo, con Él y en Él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
Amén.
RITO DE COMUNIÓN

Antes de participar en el banquete de la Eucaristía, signo de reconciliación y vínculo de unión fraterna, oremos juntos como el Señor nos ha enseñado:

Padre Nuestro
Padre nuestro,
que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre,
venga a nosotros tu reino,
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros
perdonamos
a los que nos ofenden,
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.

Líbranos de todos los males, Señor y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: "La paz les dejo, mi paz les doy", no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
La paz del Señor esté siempre con ustedes.
Y con tu espíritu.
Compartamos un cordial saludo de paz.
CORDERO

El Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, unidos en este cáliz, sean para nosotros alimento de vida eterna.

Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo, que por voluntad del Padre, cooperando el Espíritu Santo,diste con tu muerte la vida al mundo, líbrame, por la recepción de tu Cuerpo y de tu Sangre, de todas mis culpas y de todo mal.

Concédeme cumplir siempre tus mandamientos y jamás permitas que me separe de ti.

Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una Palabra tuya bastará para sanarme.
MOTIVACIÓN A LA ANTÍFONA DE COMUNIÓN

Antes de recibir a Jesús Eucaristía, digamos juntos la Antífona de la Comunión.

ANTÍFONA DE COMUNIÓN Sb 16, 20

Nos has enviado, Señor, pan del cielo, que encierra en sí toda delicia, y satisface todos los gustos.

Pueden sentarse
CANTO DE COMUNIÓN


 


 


 


 


 


 

REFLEXIÓN

Unamos nuestras voces en una sentida oración.

ORACIÓN-REFLEXIÓN

Señor Jesús, Pan partido para la vida del mundo:
hoy contemplamos tus manos bendiciendo
cinco panes y dos pescados,
y descubrimos que el milagro comienza
cuando alguien se atreve a compartir lo poco que tiene.
No permitas, Señor, que pasemos de largo
ante el hambre de nuestros hermanos;
hambre de pan, de trabajo digno, de techo seguro,
de salud, de justicia, de escucha y de esperanza.

Danos ojos compasivos para mirar la realidad
y manos abiertas para responder con generosidad.
Enséñanos que la Eucaristía no termina en el altar,
sino que continúa en la calle,
en la mesa familiar, en el servicio a los pobres,
en la defensa de quien no tiene voz
y en la construcción de una comunidad donde nadie sea descartado.

Multiplica, Señor, nuestra fe cuando pensamos que no alcanza;
multiplica nuestra solidaridad cuando nos gana el egoísmo;
multiplica nuestro compromiso cuando la indiferencia nos quiere paralizar. Haznos capaces de poner en tus manos lo que somos y tenemos,
para que se convierta en pan de fraternidad.

Amén.

Avisos Parroquiales
AVISOS PARROQUIALES
  • El próximo viernes 07 de agosto tendremos a las 12 del día la Misa de Unción de Enfermos.
  • Revista Desde la Fe
  • De pie
    ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

    Acompaña, Señor, con tu permanente auxilio, a quienes renuevas con el don celestial, y a quienes no dejas de proteger, concédeles ser cada vez más dignos de la eterna redención. Por Jesucristo, nuestro Señor.

    Amén.

    RITO DE CONCLUSIÓN

    El Señor esté con ustedes

    Y con tu espíritu

    La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes.

    Amén

    MOTIVACIÓN A LA SALIDA

    Vayamos a hacer vida lo que aquí hemos celebrado.

    La alegría del Señor sea nuestra fuerza. Pueden ir en paz.

    Demos gracias a Dios.

    CANTO DE SALIDA

    Av. Dos #62 Col. San Pedro de los Pinos Del. Benito Juárez C.P. 03800 Tel. (55) 1054-1085 | (55) 1054-1086

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